La ONU da un paso histórico en relación a la esclavitud, pero en América
Latina crecen las dudas sobre si habrá cambios reales para las
poblaciones afrodescendientes.
La esclavitud no es solo pasado en América Latina. Con una resolución histórica, la ONU
reaviva el debate sobre sus consecuencias actuales y vuelve a poner
sobre la mesa una pregunta incómoda: qué significa hoy justicia para
millones de afrodescendientes en la región.
La Asamblea General de la ONU aprobó una resolución que califica la
trata transatlántica de personas africanas como el crimen más
grave contra la humanidad. Aunque el texto no es vinculante, refuerza
los llamados a avanzar en procesos de memoria, reconocimiento y justicia
reparadora. En la región, solo Argentina votó en contra, junto a Estados Unidos e Israel, mientras el resto de la región respaldó o no se opuso a la resolución.
Se estima que en América Latina viven unos 134 millones de
afrodescendientes, cerca del 21 por ciento de la población total, según
datos del Banco Mundial, aunque las cifras varían según las metodologías
de medición. Una diáspora se concentró especialmente en Brasil y el Caribe, pero dejó también una profunda huella en Colombia, Cuba y República Dominicana.
En estos países, el legado de la esclavitud sigue reflejándose en
desigualdades estructurales. En Colombia, según datos gubernamentales
basados en una encuesta de 2018, donde alrededor del 6,7 por ciento de
la población - unos 4,5 a 5 millones de personas - se reconoce como
afrodescendiente, muchas de estas comunidades se ubican en regiones con
altos niveles de pobreza y violencia. Según estimaciones de organismos
como la CEPAL y la FAO, en países como Cuba y República Dominicana, la
población afrodescendiente representa alrededor de un tercio del total
de la población.
Las reparaciones como eje central
"Caracterizar a la trata esclavista como un crimen contra la
humanidad permite, por un lado, reconocer que este crimen existió y fue
profundamente trágico, y por otro, abre la puerta a las reparaciones que
venimos reclamando desde hace décadas", saluda la decisión la profesora
Miriam Gomes consultada por DW.
"Necesitábamos este reconocimiento desde los organismos
multilaterales para poder continuar con nuestra lucha", refuerza la
también activista afroargentina de origen caboverdeano.
"Creo que a nivel regional va a ser sumamente positivo", augura
Gomes, y resalta la "importancia de las reparaciones de acción
afirmativa" que deberían sobrevenir.
Un fenómeno con consecuencias aún vigentes
"La resolución es importante, porque permite entender la trata
esclavista como un proceso cuyas consecuencias siguen vigentes. El racismo
y la marginación solo se explican si se reconoce que tienen sus raíces
en la idea de tratar a las personas como mercancía", señalan, en tanto,
Norberto Pablo Cirio y Augusto Pérez Guarnieri, de la Cátedra Libre de
Estudios Afroargentinos y Afroamericanos de la Universidad Nacional de
La Plata.
En esa línea, los investigadores proponen el término
"negracionismo" para referirse a la invisibilización de la población
afrodescendiente en el continente.
Ese contexto explica, en parte, su cautela frente a este tipo de
iniciativas. "El mundo atraviesa una proliferación de declaraciones de
buenas intenciones, como el Decenio para los Afrodescendientes, pero, a
la hora de los hechos concretos, de beneficios palpables para las
víctimas de este genocidio, esas declaraciones no se traducen en
acciones", critican.
Y alertan sobre "gobiernos que no ven la cuestión ni prioritaria ni
necesaria", y que "con actos de maquillaje políticamente correctos, como
el levantamiento de un monumento o la consabida foto de funcionarios
con personas seleccionadas en tanto visiblemente negras" pretenden
"saldar la cuestión".
"Nosotros ya sabemos lo que fue la esclavitud"
Entre activistas afrodescendientes en la región predomina también el
escepticismo sobre el impacto real de la resolución. "Entiendo que esto
es una noticia para la gente no negra. Nosotros ya sabemos lo que fue la
esclavitud: el secuestro y la deshumanización de millones de personas
durante siglos", señala en entrevista con DW Roberto Álvarez, activista
antirracista cubano residente en Colombia, músico y fundador de un
espacio afrocentrado dedicado a la identidad y la estética. "Que la ONU
lo reconozca ahora no valida nada para nosotros. Lo que importa es qué
va a pasar con la gente negra que sigue viviendo hoy las consecuencias".
Álvarez cuestiona la falta de medidas concretas: "Si no hay algún
tipo de reparación histórica real, con leyes y decisiones
gubernamentales, esto no sirve de nada". A su juicio, el legado de la
esclavitud se refleja en desigualdades persistentes: "En Colombia,
departamentos como Chocó, Cauca o Valle del Cauca, con alta población
afrodescendiente, siguen entre los más empobrecidos. Eso es racismo
estructural".
La resolución adoptada por la ONU no establece mecanismos concretos
de reparación, pero sí alienta a los Estados a considerar medidas en el
marco de la justicia restaurativa. En América Latina, esto podría
traducirse en un mayor impulso a políticas públicas orientadas al
reconocimiento estadístico, la inclusión social y la revisión crítica
del pasado colonial.
Pese a las críticas, el propio Álvarez reconoce el valor simbólico
del paso dado: "Más vale tarde que nunca. Pero esto solo tiene sentido
si obliga a los gobiernos a actuar. Si no, queda en un gesto vacío".
(ms)
Nota cortesía:
Fuente de información:
Maricel Drazer (26 de marzo de 2026). Esclavitud: el reconocimiento llega, las deudas siguen. DW en Español. Alemania. Recuperado el 27 de marzo de 2026 de: https://www.dw.com/es/esclavitud-el-reconocimiento-llega-las-deudas-siguen/a-76551286
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