La nueva alianza busca coordinar inteligencia y operaciones contra el
narcotráfico. Pero la no participación de actores clave como Brasil y
México pone en duda su alcance hemisférico.
El objetivo es ambicioso: coordinar fuerzas, inteligencia y operaciones contra los grandes cárteles del narcotráfico. Para lograrlo, Estados Unidos impulsa una nueva alianza regional, la Coalición contra los Cárteles de las Américas (A3C, por sus siglas en inglés), que acaba de reunirse en Panamá.
Con la incorporación de Colombia,
anunciada durante la cumbre, la A3C cuenta con 19 miembros: Estados
Unidos, Argentina, Bahamas, Belice, Bolivia, Chile, Colombia, Costa
Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Honduras, Jamaica,
Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Trinidad y Tobago. Pero
dos pesos pesados de la región están ausentes: México y Brasil.
Los límites de la cooperación
"El desafío es pasar de los acuerdos diplomáticos a operaciones
conjuntas de alto impacto", señala a DW Pedro Yaranga, docente de
Ciencia Política y especialista en seguridad integral. Para ello,
explica, la A3C deberá avanzar en bases de datos compartidas y centros
de inteligencia que permitan intercambiar información en tiempo real y
rastrear las rutas financieras, las criptomonedas y las cadenas
logísticas de los cárteles. La coalición, advierte, se encuentra en una
"delgada línea": convertirse en un verdadero hito de integración
operativa o quedar reducida a un foro de buenas intenciones.
Pero convertir esos objetivos en acciones concretas plantea serias
dificultades. Yaranga recuerda que los países de la coalición no tienen
la misma voluntad política, estabilidad institucional ni recursos
económicos. A ello se suman sistemas judiciales frágiles y altos niveles
de corrupción e infiltración institucional en algunos Estados, factores
que pueden generar desconfianza y dificultar precisamente uno de los
pilares de la iniciativa: compartir información sensible.
Para Juanita Goebertus, directora de la División de las Américas de
Human Rights Watch, la cooperación regional es fundamental para combatir
el crimen organizado, responsable de buena parte de la violencia en
América Latina. Pero advierte, consultada por este medio, que no será
exitosa si se basa en inteligencia de baja calidad, si privilegia los
ataques contra "el eslabón más débil de la cadena criminal" mediante
usos ilegales de la fuerza y si no va acompañada de "un proceso serio de
fortalecimiento de la administración de justicia".
México, una pieza clave fuera de la Coalición
Ahora bien, ¿hasta dónde puede llegar una coalición contra los
grandes cárteles que no incluya a México? "Las redes criminales
mexicanas son actores clave del narcotráfico regional, especialmente en
las rutas hacia Estados Unidos", indica a DW Victoria Dittmar,
investigadora de InSight Crime en Ciudad de México. A lo largo del
continente, agrega, funcionan además como importantes compradores y
subcontratan a otras redes para servicios que van desde el transporte y
la logística hasta la producción y el suministro de drogas.
Dittmar señala que las redes sudamericanas buscan cada vez más
diversificar sus mercados hacia Europa y Asia, pero cuando intentan
acceder al estadounidense necesitan coordinarse con redes mexicanas. "Si
uno de los objetivos centrales de la coalición es reducir el flujo de
drogas hacia Estados Unidos, resulta difícil imaginar una estrategia
eficaz que no contemple algún mecanismo de colaboración con México",
sostiene.
Brasil y el alcance hemisférico
Brasil es la otra gran ausencia. Yaranga destaca que el país alberga a
dos de las organizaciones criminales más poderosas de Sudamérica, el
Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho. En particular,
afirma, el PCC controla importantes rutas que conectan la producción
andina con los puertos del sur de Brasil, especialmente Santos, desde
donde sale cocaína hacia África y Europa.
"Es imposible hablar de una estrategia hemisférica efectiva contra el
crimen organizado sin la participación de México y Brasil", asegura
Dittmar.
La incorporación de Colombia
refuerza, en cambio, el peso operativo de la coalición. Para Yaranga,
la participación de Colombia, uno de los principales productores
mundiales de cocaína, junto con Perú, le da a la A3C "la legitimidad
geográfica y el músculo estratégico indispensable para golpear de forma
contundente la oferta de drogas y la infraestructura financiera de los
cárteles y del crimen organizado en Sudamérica".
El factor político
Más allá de su capacidad operativa, la iniciativa tiene también una
dimensión política. Goebertus cuestiona el enfoque de Washington: "La
administración Trump parece más interesada en alianzas
político-electorales y en bombardeos que puedan subir a redes sociales
que en una estrategia real para la reducción del control territorial y
poblacional por parte de estos grupos criminales".
En este contexto, Dittmar plantea "dudas sobre el alcance real de la
coalición". A su juicio, no necesariamente están representados los
países cuya participación sería más importante para desarticular las
redes criminales transnacionales. "Su composición parece responder a
consideraciones políticas y a la construcción de un bloque de países
aliados de Washington", concluye.
Nota cortesía:
Fuente de información:
Maricel Drazer (13 de agosto de 2026). La apuesta anticárteles de EE. UU. y sus grandes ausentes. DW en Español. Alemania. Recuperado el 14 de agosto de 2026 de: https://www.dw.com/es/la-apuesta-antic%C3%A1rteles-de-estados-unidos-y-sus-grandes-ausentes/a-78358637
Imágenes tomadas de la red. Todos los créditos y derechos de autor a sus propietarios.