Armin, cuyo nombre DW no revela por motivos de seguridad, vive en Irán, en la árida región de Rafsanjan. Durante generaciones, los agricultores de la zona han cultivado el árbol de pistacho por su pequeña semilla verde comestible, que se utiliza en todo tipo de productos, desde helados hasta el famoso chocolate de Dubái.
La combinación de la sequía y la extracción de agua subterránea para riego ha convertido a Rafsanjan en una de las zonas de Irán con mayor hundimiento del suelo, de hasta 37 centímetros al año, según un estudio, lo que está afectando a la producción.
La situación es similar en California, Estados Unidos, donde algunos productores de pistachos también están viendo cómo se hunden sus tierras. La familia de Joe Coelho cultiva este fruto desde el año 2000, y él afirma que, si bien su granja en Fresno no se ve directamente afectada, "los agricultores son muy conscientes del riesgo".
"El hundimiento del terreno es un problema muy serio en algunas partes del Valle de San Joaquín", explica a DW Coelho, director de sostenibilidad de American Pistachio Growers.
El mismo pistacho y los mismos problemas
El vínculo entre los productores de ambos países se remonta a la década de 1960, cuando los agricultores estadounidenses comenzaron a desarrollar la industria del pistacho. El pistacho que ahora predomina en la mayoría de los huertos californianos se llama Kerman, en honor a una ciudad cercana a la granja de Armin.
California ha superado recientemente a Irán como el mayor productor mundial de pistachos, y la mayor parte se cultiva en el Valle Central, donde Coelho tiene su huerto. Y aunque es una de las regiones agrícolas más productivas del mundo, hay lugares donde el suelo se hunde hasta 20 centímetros al año.
Al igual que en Irán, el problema radica en que se extrae más agua de los acuíferos subterráneos para el riego de cultivos de la que regresa a ellos.
"A medida que ha disminuido la disponibilidad de agua superficial, los agricultores han recurrido cada vez más al agua subterránea", explica Coelho a DW. Los pistacheros del Valle Central consumen alrededor del 4 % del agua de cultivo del valle. En Rafsanjan, más del 90 % de los litros de agua subterránea se destinan a los árboles de pistacho.
Debido al bombeo excesivo, los espacios dentro del acuífero colapsan y la tierra que se encuentra encima comienza a hundirse en un proceso llamado subsidencia del terreno.
"Gran parte del daño es irreversible. Cuando un acuífero colapsa, nunca podrá volver a contener tanta agua como antes", explica a DW Ali Beitollahi, director de la investigación sobre hundimientos en el Centro de Investigación de Carreteras, Vivienda y Desarrollo Urbano de Irán.
Armin recuerda que antes se encontraba agua a tan solo 20 metros de profundidad. Hoy en día, muchos tienen que perforar hasta los 300 metros. Algunas tierras han sido abandonadas al secarse los pozos.
Los beneficios del auge del chocolate de Dubái nunca llega a los agricultores, cuenta, porque las sanciones internacionales y la competencia global han despojado a Irán de los mercados que alguna vez controló como el mayor productor mundial de pistachos. "Antes éramos conocidos por la calidad", dice. "Ahora somos conocidos por el precio bajo", lamenta.
Dos regiones productoras de pistacho, dos respuestas diferentes
En California, la Ley de Gestión Sostenible de Aguas Subterráneas (SGMA, por sus siglas en inglés), aprobada en 2014, exige a las agencias de agua que equilibren el bombeo y la recarga en las cuencas de aguas subterráneas para el año 2040.
La recarga controlada de acuíferos es uno de los métodos que el estado está utilizando para lograrlo. Se los recarga en años lluviosos, por ejemplo, inundando tierras de cultivo, como reserva para épocas de sequía. Coelho participa en un proyecto piloto que aplica precisamente este método.
La SGMA ha traído cierto beneficio. Según el Departamento de Recursos Hídricos de California, los niveles de agua subterránea han aumentado en cuatro de cada diez pozos monitoreados. Sin embargo, gran parte del Valle Central sigue hundiéndose.
Helen Dahlke, profesora de Ciencias Hidrológicas Integradas en la Universidad de California (Davis) afirma que es poco probable que la recarga por sí sola compense décadas de sobreexplotación de las aguas subterráneas.
"La agricultura es, con diferencia, el mayor consumo de agua en el Valle Central, por lo que lograr el equilibrio de las cuencas de agua subterránea probablemente requerirá ajustar la demanda de agua de los cultivos a la disponibilidad de agua a largo plazo en un clima más cálido y variable".
En Irán, la concienciación sobre la gestión de las aguas subterráneas y la subsidencia sigue siendo limitada, comenta a DW Ali Beitollahi, quien trabajó en el borrador de la normativa sobre subsidencia, pendiente hasta el momento de aprobación gubernamental. Sin embargo, dada la actual situación política en Irán, es improbable que se tomen medidas inmediatas.
Otro paso urgente, destaca Beitollahi, "es cambiar de inmediato la forma en que los agricultores riegan sus campos y enseñarles por qué es importante".
La mayoría de los huertos de Rafsanjan todavía se riegan por inundación, y así se pierde gran cantidad de agua por evaporación antes de que llegue a las raíces de las plantas.
Por otro lado, Armin dice que está tratando de aprender de los agricultores estadounidenses, pero que muchos agricultores mayores son muy reacios al cambio. En todo el Valle Central de California, las presiones del calentamiento global, la sequía y la disminución de las aguas subterráneas son difíciles de ignorar.
"La sostenibilidad financiera, la sostenibilidad hídrica y la sostenibilidad ambiental están interconectadas", concluye, por su parte, Joe Coelho.


















